Cirsa podrá instalar máquinas en estancos y oficinas de cambio
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Los estancos y las oficinas de cambios de moneda podrán albergar terminales de la Lototrot. Con esta medida se quiere paliar en parte la pérdida de ingresos que iba a generar la imposiblidad de instalar máquinas en bares y restaurantes.
El Govern acordó antes del verano que no permitiría instalar en los bares y retaurantes de Baleares ni una sola máquina de Lototrot, el juego de apuestas hípicas que empezará a funcionar el próximo mes de enero, porque «no quiere que contribuyan a fomentar la adicción al juego».
Evitar las ludopatías. Este es precisamente el argumento que, durante la pasada legislatura, la ONCE y la asociación de empresarios de máquinas tragaperras emplearon ante el Govern de Antich para pedirle que frenara el proyecto de la Lototrot. Al final, El Ejecutivo autonómico declaró desierto el concurso para otorgar la concesión del juego sosteniendo que la única empresa que optaba a la adjudicación, Innovacions Informàtiques, no acreditaba la solvencia económica necesaria. Fuentes del sector hípico han expresado en diversas ocasiones su decepción por el anuncio de la vicepresidenta Rosa Estaràs. El decreto que regula la creación de la Lototrot establecía un máximo de 2.500 máquinas en toda Baleares. Una cifra que se verá sensiblemente reducida y difícilmente alcanzará el millar, una vez descartada la posibilidad de instalarlas en los bares. Más aún cuando, de momento, las apuestas sólo van a echar a rodar en Mallorca, a la espera de que el Govern alcance un acuerdo con los Consells de Menorca y las Pitiüses.
Esto se traducirá, advirtieron, en una drástica caída de los ingresos previstos en recaudación: si los bares cierran las puertas a la Lototrot, se reducirá en más de un 70% su clientela potencial, pues sólo un público muy limitado acude a bingos y salones recreativos.
En el pasado ejercicio, el Consell de Mallorca había presupuestado unos ingresos procedentes de la Lototrot, destinados al sector hípico, próximos a los 3 millones de euros. Según la normativa aprobada por el Govern, al menos el 60% de los ingresos procedentes de las apuestas debe repartirse en premios. De esta cantidad, una vez reducidos los impuestos del juego, así como el margen de beneficio de la empresa concesionaria y del local que acoge la máquina, el resto se destinará al sector.
El Govern y el Consell han pactado que una parte de los ingresos se destinen a la cría caballar, a través de la Conselleria de Agricultura, y otra a incrementar los premios que reciben los jinetes en las carreteras para aumentar su atractivo. «En Mallorca, son de risa si los comparamos con otras competiciones hípicas». Por último, el Consell de Mallorca acaricia la idea de destinar los recursos a mejorar las instalaciones hípicas de la Isla.
La propia vicepresidenta Rosa Estaràs se comprometió ante la Plataforma del Trote de Manacor a impulsar la construcción de un nuevo hipódromo, ya que el actual no tiene las dimensiones mínimas exigidas para celebrar competiciones oficiales ni cuenta con espacio suficiente para dotarlo de establos. Mientras tanto, el de Son Pardo, en Palma, recibe cada año una inyección económica próxima a los 500 millones de pesetas.